15. Desaparecido en democracia.
El problema no pasa solo por la desaparición, misteriosa, de este testigo clave de lo que fue la sentencia a Etchecolatz. Sino también el mensaje que esto lleva y la lentitud con la cual se abordo el tema.
El mensaje es claro: Miedo. Miedo para los testigos que declararían contra otros represores (no digo “ex” por que nunca lo dejaran de ser) ya que ante la posibilidad de volver a ser secuestrados por grupos desconocidos, pondrán en duda su presencia en futuros juicios. El país no trasmite seguridad y está desaparición lo volvió a dejar bien en claro.
Hay algo que preocupa aun más, al menos a mí, y es la lentitud con la que el Estado hizo caso al asunto. No tan solo el Estado, sino también los medios. Recién a tres días de la desaparición apareció el hijo de Jorge Julio López en Mañanas informales pidiendo por su padre. Tuvo que pasar una semana para que aparezca la noticia en todos los medios y tuvo que salir en todos los medios para que el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires pida por López, luego lo haría el Presidente; gran defensor de los derechos humanos que se olvido por una semanita de este asunto. Tardó en oírse la voz de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, tardaron los militantes de las facultades.
Indignación en cada esquina, pero nadie se dio cuenta de que el Gobierno lo tomo como una amenaza a ellos mismos y no al pueblo argentino. Esto es una mancha, una herida que se reabre, mientras pegan cartelitos por la calle y ofrecen recompensas como si esto fuese el Lejano Oeste.

2 Comments:
creo que no hay nada que agregar. lo dijiste todo.
De acuerdo, estos putos siguen dando vueltas...
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